En plena efervescencia por las protestas migrantes en Los Ángeles, la escena política entre Estados Unidos y México vivió un nuevo episodio de fricción este martes 10 de junio. Desde la mismísima Casa Blanca y con el Presidente Donald Trump a su lado, la secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, lanzó una acusación frontal: responsabilizó a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de incitar las protestas que sacuden las calles californianas.
“Claudia Sheinbaum salió y pidió más protestas en Los Ángeles, y yo la condeno por eso. Ella no debería estar alentando las protestas violentas que están ocurriendo”, declaró Noem, endureciendo el tono del Gobierno estadounidense ante la reciente ola de movilizaciones.
Sus palabras, dichas con frialdad, no solo buscaban cargar sobre México la responsabilidad de la agitación, sino también justificar el despliegue de 700 marines que llegaron a Los Ángeles por orden directa de Trump. “Estoy increíblemente orgullosa del Presidente por activar a los guardias nacionales y por enviar a estos marines”, agregó, en un claro intento de blindar con músculo militar una respuesta que ya genera polémica en organismos de derechos humanos.
Trump, fiel a su estilo, no se quedó atrás. Desde Nueva Jersey, respaldó la represión con una frase brutal: “Si escupen, nosotros golpeamos”, refiriéndose a los migrantes que, según él, habrían agredido verbalmente a las fuerzas del orden. Sin citar incidentes específicos, el mandatario norteamericano puso el foco en el uso de la fuerza como mecanismo de “control”, dejando de lado cualquier intención de diálogo.
Pero la respuesta de Claudia Sheinbaum no tardó. En conferencia desde Palacio Nacional, la Presidenta mexicana fue categórica: “Yo rechazo la violencia. Lo que estamos viendo en Los Ángeles es desesperación. Pedí protestas pacíficas, pedí respeto a los migrantes, pedí que se respete el Estado de derecho. No provoqué la violencia, la denuncié”, enfatizó.
Sheinbaum denunció lo que llamó una “maniobra de distracción” por parte de Trump y sus aliados, y recordó que México ha abogado por una reforma migratoria humana, no militar. “El problema no se resuelve con marines, sino con justicia. Lo que Trump hizo es apagar fuego con gasolina”, añadió, visiblemente molesta pero contenida.
Ambas versiones reflejan un escenario cada vez más tirante entre dos países que comparten frontera pero que, una vez más, chocan en la forma de entender el fenómeno migratorio. Mientras la Casa Blanca opta por mostrar músculo, México reclama humanidad. Mientras Noem apunta con el dedo, Sheinbaum pone el dedo en la llaga.
Los próximos días serán clave. El despliegue de tropas continúa. Las protestas también. Y entre tanto ruido, dos visiones de mundo siguen cruzando acusaciones sin puentes a la vista.