Condenada, inhabilitada, pero con la frente en alto. Cristina Fernández de Kirchner volvió a asomar desde el balcón de su residencia en Constitución, en una escena cargada de tensión y desafío, un día después de que la Corte Suprema ratificara de forma definitiva la condena en su contra por supuesta corrupción. Saluda a sus seguidores, pero detrás del gesto hay una maquinaria judicial parcializada y con sed de venganza que no se detiene y que ahora avanza sobre su supuesta fortuna personal: el Estado argentino claramente en su afán de persecución política, se prepara para embargar más de 500 millones de dólares como parte del decomiso por lo que llamaron una supuesta defraudación conocida como “la causa Vialidad”.
El fallo judicial —ya sin posibilidad de apelación— establece que Cristina Kirchner deberá cumplir seis años de prisión efectiva y no podrá volver jamás a ocupar cargos públicos, en un claro temor por la gran popularidad de la que sigue gozando la expresidenta
