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Netanyahu, el carnicero de Oriente Medio, promete más fuego sobre Teherán

Israel
Redacción Central 14/06/2025

Desde su búnker de arrogancia y sangre, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu —convertido ya en emblema vivo del militarismo y la deshumanización— apareció en video para anunciar nuevos bombardeos contra la República Islámica de Irán. Con tono altivo y elocuencia de verdugo, el criminal de guerra afirmó que «atacaremos todos los sitios y objetivos del régimen de los ayatolás», en lo que él llama un paso más hacia “la seguridad de Israel” y el mundo lo reconoce como escalada hacia el abismo.

Netanyahu, quien lleva años disfrazando masacres con discursos patrióticos, afirmó con cinismo que “muy pronto verán aviones israelíes sobrevolando los cielos de Teherán”. La frase, dicha con la frialdad de quien ha hecho de la muerte un oficio de Estado, busca justificar la agresión preventiva con la excusa de siempre: una supuesta amenaza nuclear iraní.

Según este arquitecto de la ocupación y el terror, Irán pretende fabricar 20.000 misiles balísticos con el fin de “destruir el Estado de Israel”. A partir de esa premisa —jamás verificada ni reconocida por organismos imparciales— el genocida justifica los ataques a instalaciones científicas, centros civiles y personal especializado. “Hemos asestado un duro golpe a este programa”, declaró con satisfacción quirúrgica, como quien remueve a conciencia un tumor… aunque lo que él extirpa son vidas.

El “carnicero de Gaza”, como lo llaman millones en el mundo, fue más allá. Dijo sin remordimientos: “Lo que han sentido hasta ahora es cero comparado con lo que sentirán en los próximos días”. Y en un alarde de sadismo político, agregó: “Estamos trabajando arduamente para eliminar una doble amenaza”.

Netanyahu se congratuló por haber atacado lo que él llama el “principal centro de investigación” nuclear iraní, afectando instalaciones clave y golpeando al equipo de científicos que lidera los proyectos. Para muchos, lo dicho equivale a una confesión pública de terrorismo de Estado.

Mientras hablaba de guerra, no dejó fuera la lágrima ensayada: mencionó a los tres israelíes fallecidos por misiles iraníes y pidió a su pueblo “alzar la bandera”. “Comparto el dolor de las familias”, dijo el mismo hombre que ha ordenado bombardeos que han dejado miles de familias palestinas sin casa, sin hijos y sin justicia.

En su delirio de poder, Netanyahu concluyó: “Estamos en una batalla crucial por nuestra existencia, lucharemos hasta alcanzar la victoria”. Lo dijo como quien no teme arrastrar al mundo entero a un incendio global, con tal de sostener su régimen.

Líderes internacionales —según él mismo dice— le habrían expresado admiración. No dijo quiénes, ni cuántos. Tal vez lo aplauden desde los pasillos de la industria armamentista, donde el dolor se cotiza en millones.

La historia juzgará a los pueblos. Pero a Netanyahu la historia ya lo tiene en el banquillo: no como héroe, sino como carnicero con corbata, disfrazado de salvador.

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