Rosendo “El Búfalo” Álvarez, bicampeón mundial de boxeo y orgullo del deporte nicaragüense, ha vuelto a estremecer corazones. No lo hizo con un nocaut ni con otro título, sino con un mensaje de humildad, redención y fe. A través de sus redes, el histórico púgil reveló el drama íntimo que vivió tras alcanzar la cima del boxeo, y cómo solo el amor de Dios y de su actual esposa le devolvieron la paz que ni la fama ni el dinero pudieron darle.
“He buscado la felicidad en muchas cosas que el mundo me ofreció”, confiesa Rosendo en un emotivo testimonio. “Fui tras del éxito del boxeo y lo logré, pero eso me facilitó placeres, dinero, mujeres y diversión nocturna… Me olvidé de donde Dios y Jesucristo me habían levantado para darme un nombre y mucha fama”.
Detrás del hombre que estremeció al mundo del boxeo y que pasó a la historia como el único que mandó a la lona al invicto campeón mexicano Ricardo el ‘Finito’ López, se escondía un vacío profundo. Rosendo ganó fama internacional con aquellas dos legendarias peleas ante Finito en los años 90. La primera fue en 1998 y terminó en empate, aunque muchos especialistas —y el pueblo nica— la consideran una injusticia: se la robaron descaradamente. La segunda pelea, con Rosendo batallando contra todos los pronósticos, también dejó huella. Pero no fue en el ring donde se libró su mayor combate, sino en su alma.
“Me comporté como un hombre malagradecido, ignorante, e hice a un lado el temor a Dios… Aprendí a tomar licor y me gustó tanto que hasta hace poco, en el transcurso de mi divorcio, volví a tomar y me metí en problemas”, relata con una honestidad cruda, que solo puede venir de alguien que ha caído y ha decidido levantarse.
Pero no está solo. En medio del derrumbe apareció una mujer: Karen José Saravia, su esposa actual, a quien llama “una dama encantadora” que lo ayudó a reencontrarse con Jesucristo. “Me levantó el ánimo diciéndome que el Señor me amaba y que podían perdonarme mis pecados y errores cometidos”.
A sus 54 años, Rosendo Álvarez no es solo el guerrero que hizo historia al conquistar el campeonato mínimo de la AMB en 1995 y luego el minimosca en 1998. Tampoco es solo el fundador de Búfalo Boxing Promotions, impulsor de jóvenes talentos en Nicaragua. Hoy es, ante todo, un hombre renovado. “Voy a retomar el camino que mi madre me enseñó. Estaré orando para poder mantenerme sobrio y firme para el bien de mi vida”, afirma con la voz de quien ha sobrevivido a sí mismo.
En un mundo donde muchos ídolos prefieren esconder sus cicatrices, Rosendo las muestra como medallas del alma. Porque si en el pasado fue campeón en dos divisiones, hoy quiere ser campeón de su propia vida.


