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Kristi Noem, la cazadora de migrantes, hospitalizada

EE.UU.
Redacción Central 17/06/2025

La secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, fue trasladada de urgencia a un hospital de Washington tras sufrir una reacción alérgica. Según los reportes oficiales, permaneció consciente, “alerta” y en contacto con su equipo. Pero más allá del parte médico, lo que está realmente en crisis es la política inhumana que ha representado esta funcionaria: la persecución sistemática, el miedo sembrado en comunidades enteras y la criminalización de los migrantes.

Noem, una republicana de línea dura y rostro televisivo, ha sido la arquitecta de los operativos más agresivos contra los inmigrantes indocumentados bajo la administración de Donald Trump. Su sello: una campaña de 200 millones de dólares —sí, millones— para atemorizar a quienes buscan una vida mejor en el país del “sueño americano”. En videos oficiales afirma que los migrantes “ilegales” serán “cazados y deportados”, agradeciendo sin pudor a Trump por cerrar la frontera como si se tratara de una hazaña militar.

Mientras ella firmaba órdenes y promovía anuncios en YouTube que destilan odio, decenas de miles de familias vivían —y siguen viviendo— bajo el terror de las redadas, los arrestos arbitrarios y las deportaciones relámpago. ICE, la policía migratoria que responde a su mando, ha convertido zonas como Arizona en campos de persecución moderna, sembrando angustia incluso entre quienes tienen décadas de vivir y trabajar en EE. UU.

La noticia de su hospitalización no ha generado burlas. Pero tampoco puede ser tratada con hipocresía. Porque mientras Kristi Noem era trasladada con protocolos especiales y protegida por el Servicio Secreto, cientos de migrantes en Estados Unidos carecen de asistencia médica, de derechos básicos, de protección humanitaria. Esa es la verdadera tragedia.

Noem ha hecho de la intolerancia una política de Estado. Y hoy que su nombre aparece en los titulares, no es por haber rescatado niños de un campo de detención, ni por haber defendido el derecho al asilo, ni por haber frenado la maquinaria de odio de ICE. Su nombre resuena porque la vida le pasó una factura —mínima, transitoria, pero simbólica—.

A Kristi Noem no le deseamos mal. Le deseamos conciencia. Le deseamos que mire con otros ojos al ser humano que llega a EE. UU. con hambre, con dolor, con esperanza. Y ojalá que su paso por una sala de emergencia la haga repensar lo que significa la palabra “seguridad”: porque una nación no se protege humillando, cazando ni expulsando a sus trabajadores más humildes.

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