En un gesto que marca un giro audaz en la diplomacia regional, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reveló este martes que planteó al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la posibilidad de forjar un acuerdo general entre ambos países. Un pacto integral que aborde, de una sola vez, la seguridad, la migración y el comercio, con una visión compartida y estructurada desde el sur.
“Hay una disminución muy grande de la migración que pasaba por México”, expresó Sheinbaum en conferencia de prensa, y añadió: “Entonces le planteé por qué no teníamos un acuerdo general, un acuerdo que tuviera que ver con seguridad, con migración y también con comercio”.
La propuesta no solo apunta a ordenar las relaciones bilaterales entre México y EE. UU., sino a romper con la improvisación y el uso político de temas sensibles como la migración, que durante años han sido utilizados como armas electorales en el norte.
Pero Sheinbaum fue más allá. En una jugada diplomática que busca reposicionar a América Latina como actor propositivo en el tablero global, propuso ante el G7 la realización de una cumbre conjunta entre los líderes de ese grupo y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). ¿El objetivo? Establecer una agenda común centrada en la economía del bienestar.
La presidenta mexicana dejó claro que los países del sur no están dispuestos a seguir en la periferia de las decisiones que afectan sus pueblos. “Queremos una región donde no solo se hable de tratados de libre comercio, sino de justicia social, equidad y desarrollo conjunto”, habría señalado en privado una fuente cercana al gobierno mexicano.
Con estas propuestas, Sheinbaum no solo demuestra liderazgo propio, sino que abre una nueva etapa de interlocución directa entre los pueblos latinoamericanos y las potencias globales, apostando por el diálogo, la cooperación y el respeto mutuo.