Papá no es un personaje lejano ni alguien que solo aparece los fines de semana. Papá camina con nosotros. Camina en serio, con sus pasos grandes que nos enseñan por dónde ir, y con sus silencios también, que nos dicen cuándo escuchar con el corazón.
Hoy es Día del Padre, pero para nosotros, cada día es suyo. Porque está cuando salimos apurados a la escuela, cuando vamos a la radio, cuando jugamos con los micrófonos y cuando nos sentamos juntos frente a la computadora, como si estuviéramos jugando los tres en el mismo lugar.
Brisa dice:
Papá es mi mejor maestro. Me enseña a escribir sin errores, a hablar con firmeza, a soñar en grande. Él me dice que nunca hay que callarse cuando uno tiene razón. Me abraza fuerte cuando tengo miedo y me aplaude cuando dibujo corazones con palabras. A veces vamos al cine y comemos papitas, otras veces nos quedamos en casa viendo películas de muñequitos o noticias en YouTube. Pero siempre, siempre, estamos juntos.
Stalincito dice:
Yo hablo en la radio con papá. Él me dice: “hoy vos presentás el mensaje de la compañera Rosario”, y me da nervios, pero él me acompaña. Jugamos con los micrófonos y con los titulares. A veces vamos a la cocina y cocinamos juntos —aunque papá hace relajo—. Hacemos travesuras desde la cocina, y nos reímos como si fuera un juego nuevo. A veces dormimos los tres abrazados, como si el mundo fuera una cabañita donde nadie nos puede hacer daño. Yo le digo: “papá, vos sos como un superhéroe con computadora”.
Y papá dice:
Ellos me enseñan más de lo que yo podría enseñarles. Con ellos aprendí que la vida tiene sentido en las cosas simples: en una risa compartida, en un dibujo que me regalan, en una pregunta que me deja pensando. Desde que tengo a mis dos niños, puedo afirmar que la felicidad existe. Si alguien me preguntara qué es la felicidad, yo respondería: la mía tiene nombre, son Brisa y Stalin Jr. Cuando los abrazo —ya sea uno por uno o los dos a la vez—, siento que estoy abrazando la felicidad misma. Una que no se compra, que no se mide, que vale infinitamente más que el dinero o la fama. Para mí, el verdadero amor de Dios se manifiesta en ellos. En sus voces, en sus miradas, en sus vidas. Eso es todo lo que necesito.
¡Feliz Día del Padre a quienes descubren la felicidad en el abrazo de sus hijos!