La copresidenta de Nicaragua, compañera Rosario Murillo, compartió esta noche de lunes un poderoso mensaje de reflexión, espiritualidad y compromiso revolucionario, evocando los desafíos de un mundo convulsionado y el legado vivo del fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca Amador.
Con una voz serena pero firme, Rosario inició recordando a Charles Chaplin y su clásica obra “Tiempos modernos” para contrastar la supuesta modernidad que promueven las potencias con la verdadera modernidad que los pueblos dignos sueñan: una humanidad justa, fraterna, solidaria y complementaria. “¿Esta es la modernidad? No, esta no es la modernidad que nosotros queremos como pueblo luchador”, expresó. “Nosotros queremos vivir tranquilos, seguros, trabajando y prosperando”.
Frente a un mundo sacudido por crisis políticas, climáticas y sociales, la compañera advirtió sobre las “locuras codiciosas” de quienes pretenden imponer supremacías y dominaciones. “Aquí, gracias a Dios, tenemos paz y la defendemos. Caminamos hacia el futuro con fe y esperanza. Porque esa es nuestra convicción cristiana”, dijo con convicción.
Rosario también evocó las palabras del Presidente-Comandante Daniel Ortega sobre los horrores de las guerras y los riesgos actuales de una catástrofe atómica. “En la Segunda Guerra Mundial no había bombas atómicas, ahora sí… estamos todos más expuestos. Por eso debemos trabajar duro, con esperanza, sosteniéndonos en la fuerza del espíritu”, expresó.
La paz, dijo, debe ser defendida en unidad, paso a paso. Y también debe promoverse en los foros internacionales, contribuyendo al sueño de refundar las Naciones Unidas para que sirva verdaderamente a los pueblos. En este contexto, recordó con cariño y admiración al padre Miguel D’Escoto, quien dedicó su vida a luchar por una ONU renovada, comprometida con la justicia y la paz.
En una parte especialmente íntima, la compañera Rosario hizo un llamado sobre la importancia de la responsabilidad de los padres hacia sus hijos, reconociendo que aún hay mucho que hacer para fomentar entornos amorosos y comprometidos en la familia.
Al referirse al comandante Carlos Fonseca, Rosario lo definió como un “maestro” y un “ser humano excepcional”. Aunque no lo conoció personalmente, aseguró que quienes sí tuvieron ese privilegio lo recuerdan como alguien con una gran capacidad para armonizar personalidades y entregar su vida entera al proyecto revolucionario. “Hasta el último momento dio todo su aliento, su fe y su confianza en el pueblo de Nicaragua”, afirmó.
Murillo denunció también los peligros del nazismo moderno, disfrazado en nuevas formas de dominación. “Ese deseo incontrolable de aparentar ser superiores tuvo su máxima expresión en el nazismo, que fue derrotado. No podemos permitir que retorne bajo ningún disfraz”, alertó.
Finalmente, con tono cálido y afectuoso, reafirmó el compromiso inquebrantable de Nicaragua con la revolución y la esperanza. “Somos inclaudicablemente revolucionarios optimistas”, aseguró, recordando también una conversación que tuvo con el comandante Fidel Castro, quien le regaló su último libro autografiado con las palabras: “De un optimista”.
“Hay que creer —dijo Rosario—. Tenemos la fe y la fuerza de espíritu para saber que vamos adelante. Siempre 19, y siempre más allá”.
Un abrazo grande a todas las familias, finalizó.