En medio del silencio cómplice de las potencias y la parálisis de organismos multilaterales, el Presidente colombiano Gustavo Petro se planta firme y convoca a Bogotá una Conferencia Internacional de Emergencia sobre Gaza, programada para el próximo 15 de julio. El evento, impulsado por el Grupo de La Haya y copresidido junto a Sudáfrica, busca romper la inercia diplomática y frenar la masacre israelí en la Franja.
“La invitación es abierta y urgente”, escribió Petro en una columna publicada por el periódico británico The Guardian, donde llama a la comunidad mundial a “introducir medidas jurídicas, diplomáticas y económicas concretas que puedan detener la destrucción en Gaza”. No se trata de retórica ni de condenas simbólicas: el mandatario sudamericano exige acciones reales, concretas, con dientes.
El Grupo de La Haya —conformado por Colombia, Bolivia, Cuba, Honduras, Belice, Malasia, Namibia, Senegal y Sudáfrica— fue creado en enero de este año con un solo objetivo: defender el derecho internacional ante crímenes graves. Ahora, su primera gran prueba será esta cumbre que se perfila como un contrapeso ético frente al poder bélico israelí y la doble moral de Occidente.
Petro recordó que en septiembre de 2024, 124 países aprobaron una resolución en la ONU exigiendo a Israel el retiro total de los territorios ocupados en Palestina, con un plazo de doce meses. El tiempo corre y el reloj de la impunidad sigue marcando muerte y destrucción.
“Gaza es hoy el lugar más hambriento del planeta”, subrayó el Presidente, citando datos de la ONU que alertan sobre el colapso humanitario. La ayuda internacional apenas puede entrar, y cuando entra, llega tarde o mutilada por el bloqueo. Petro va más allá del gesto: Colombia ya suspendió exportaciones de carbón hacia Israel, Malasia ha prohibido el ingreso de buques con bandera israelí, y Sudáfrica mantiene una denuncia en la Corte Internacional de Justicia por genocidio.
Sin embargo, el mandatario advierte: “La historia nos juzgará con dureza si no respondemos a este llamado”.
Bogotá se convertirá en pocos días en el nuevo epicentro de la legalidad internacional. Ya no es Ginebra. Ya no es Nueva York. Es América Latina la que levanta la voz por los niños sepultados bajo los escombros en Rafah, por los hospitales bombardeados en Khan Younis, por los sueños interrumpidos por drones y fósforo blanco.
Mientras Estados Unidos y sus aliados fingen neutralidad, Petro toma partido por el derecho, por la vida, por la dignidad del pueblo palestino. No se trata de diplomacia tibia. Se trata de justicia.
Y aunque Colombia no tiene aún un canciller en propiedad —tras la salida de Laura Sarabia—, eso no ha impedido que el país avance hacia una posición clara, valiente y coherente con la historia reciente. Yolanda Villavicencio asumirá de forma interina la conducción de la diplomacia, pero la voz que se escuchará el 15 de julio en la capital colombiana será, sin duda, la de la dignidad mundial.