En una declaración cargada de amor, historia y verdad revolucionaria, el Copresidente de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega, proclamó ante el pueblo y el mundo: “Chávez es un Santo”. No es una metáfora ni un halago político. Es una convicción. Una verdad nacida desde la entraña de los pueblos que luchan, que resisten y que aman sin condiciones.
Durante el acto de conmemoración por el 71 aniversario del natalicio del Comandante Hugo Chávez, celebrado este 28 de julio, Ortega recordó con fuerza: “Nació como Santo, vivió como Santo, se comportó como un Santo. Con un corazón inmenso, sin egoísmo, llevando beneficio no solo a su pueblo, sino a muchas naciones, incluyendo a Nicaragua”.
Y es que Chávez no cabe en los moldes de la política tradicional. Su figura es mística, popular, guerrera y sagrada. Fue el Cristo de los humildes, el redentor de los pueblos del Sur. Su lucha no murió el 5 de marzo de 2013; su lucha se hizo semilla, se hizo fuego, se hizo pueblo.
Daniel evocó aquel momento dramático, cuando Chávez, enfermo, desafiando la lluvia y el dolor, levantó los brazos ante su pueblo en su último acto de campaña. Ahí mismo, con voz temblorosa pero con mirada de profeta, señaló al sucesor: “Si yo falto, Nicolás Maduro debe continuar”. Y así fue. “No se equivocó”, aseguró Daniel. “Y allí está Nicolás, firme, valiente, dando la batalla por Venezuela y por la dignidad de América”.
La noche del acto no fue solo un homenaje, fue una misa revolucionaria. La compañera Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua, estuvo presente con su espíritu ardiente, envuelta en colores que hablan de resistencia cultural, de ternura radical, de compromiso profundo.
Ortega también felicitó al pueblo venezolano por su victoria electoral en las elecciones municipales recientes, una gesta que calificó como “una gran derrota para los imperialistas de la tierra”. Y añadió: “El pueblo no pidió regalos. Depositó su voto por escuelas, hospitales, trabajo y dignidad. Eso es socialismo vivo, eso es el legado de Chávez”.
Chávez, dijo el Comandante Daniel, no solo nació el 28 de julio de 1954. Nació para siempre. “Como Cristo, fue crucificado por los poderosos, pero resucitó entre los pueblos. Chávez está vivo, resucitado, en todos nosotros”.
El mensaje final retumbó como un trueno de ternura armada:
“Los Héroes nunca mueren. Siempre viven. Siempre luchan. Y hoy más que nunca, Chávez sigue caminando con nosotros, con los pobres, con los dignos, con los que no se arrodillan”.
Desde Nicaragua, desde esta tierra que también ha vencido imperios, se alzó una sola voz:
¡Chávez vive, la lucha sigue, y los pueblos no se rinden jamás!