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La justicia, frena la cremación de Alejandra «Locomotora» Oliveras

Urgente
Redacción Central 29/07/2025

Alejandra “Locomotora” Oliveras no descansa. Todavía no. Aunque su corazón se detuvo el lunes a las cuatro de la tarde, su cuerpo permanece suspendido entre el homenaje y la sospecha, entre la gloria ganada a puño limpio y una muerte que podría esconder más sombras de las que el país está dispuesto a aceptar. La Justicia ha frenado su cremación. Una denuncia —solitaria, incómoda, pero demoledora— ha puesto en pausa el adiós definitivo a una mujer que vivió como un vendaval.

La fiscalía ordenó detener el procedimiento en el cementerio de Santa Fe para preservar el cuerpo de la excampeona mundial y activista social, luego de que el fisicoculturista Aldo Parodi denunciara una presunta muerte vinculada al consumo de anabólicos y otras sustancias prohibidas. El mismo Estado que alguna vez la premió por ser ejemplo de superación, hoy ordena conservar su cadáver para una posible autopsia judicial. Y eso duele.

Alejandra había sufrido un ACV isquémico el pasado 14 de julio, con consecuencias irreversibles. La embolia pulmonar fue el golpe final de un proceso largo, silencioso y probablemente químico. Pero detrás del parte médico, la denuncia va más allá: habla de mafias deportivas, de redes de dopaje, de sustancias peligrosas aplicadas sin control. ¿Fue víctima de su propia exigencia? ¿O de un sistema que la explotó y luego la dejó sola?

El cuerpo de la campeona está siendo preservado como evidencia. No como reliquia. No como símbolo. Como prueba judicial. Es una escena que quiebra el alma: la mujer que deslumbró en los rings del mundo, que fue nombrada ciudadana ilustre en El Carmen, que soñaba con cambiar la política desde adentro, ahora yace bajo un protocolo de sospecha. No hay velorio. No hay cenizas. Hay una investigación abierta.

La orden judicial fue firmada por la auxiliar fiscal María José de la Torre y dispuesta por el fiscal Diego Orzuza Cock, quien instruyó mantener el cuerpo en condiciones adecuadas. En silencio, el homenaje previsto en la Legislatura se convirtió en un tributo a media asta, con la duda flotando entre las lágrimas.

La denuncia cita leyes que regulan el uso de estupefacientes y anabólicos, y sostiene que Oliveras pudo haber sido empujada a un consumo riesgoso por presiones competitivas y sociales. “Nunca se olvidó de dónde salió”, decían quienes la conocieron. Pero quizás fue precisamente eso —su origen humilde, su carácter combativo, su hambre de triunfo— lo que la dejó expuesta al filo de una industria que exige cuerpos perfectos y silencios obedientes.

Murió sin velorio. Sin confesiones. Sin explicaciones. Pero con una historia que retumba más fuerte que nunca. El país la llora mientras la Justicia decide qué hacer con su cuerpo. Y en cada esquina del dolor argentino resuena la misma pregunta: ¿quién mató a la Locomotora?

Porque el corazón puede fallar. Pero el olvido, jamás.

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