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El Salvador, aprueba la reelección presidencial indefinida

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Redacción Central 31/07/2025

En una jugada política que marca un antes y un después en la historia contemporánea de Centroamérica, el Presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha conseguido que la Asamblea Legislativa apruebe reformas constitucionales que permiten la reelección presidencial indefinida y extienden el mandato presidencial de cinco a seis años. La medida fue avalada con 57 votos a favor —una contundente supermayoría— frente a solo tres votos en contra, consolidando el dominio del oficialismo en todas las esferas del poder salvadoreño.

La propuesta fue impulsada por la diputada Ana Figueroa, del partido Nuevas Ideas, quien argumentó que alcaldes y legisladores pueden ser reelegidos sin límite alguno, por lo que negar esa posibilidad al Presidente era una «anomalía democrática». Además, la reforma elimina la segunda vuelta electoral y modifica el calendario, adelantando el fin del actual mandato de Bukele al 2027 para unificar los comicios legislativos y presidenciales, lo que también lo habilita a postularse antes por un periodo más largo.

Bukele, quien se autodefinió alguna vez como “el dictador más cool del mundo”, no ha hecho esfuerzos por disimular su ambición de permanencia. Y la popularidad que arrastra —basada sobre todo en su guerra frontal contra las pandillas— le ha servido como escudo frente a las críticas por autoritarismo, centralización del poder, represión de la prensa independiente y eliminación de contrapesos democráticos.

El mandatario fue reelegido en 2024 a pesar de una prohibición constitucional expresa, gracias a una resolución favorable emitida por una Sala de lo Constitucional integrada por magistrados nombrados por sus propios aliados políticos. Hoy, apenas un año después de aquella polémica elección, Bukele allana el camino para una presidencia sin límites.

Lo que muchos temían se ha cumplido: El Salvador está dejando atrás el modelo de alternancia republicana y se encamina hacia una presidencia personalista sin cortapisas. Aun así, una parte considerable del pueblo salvadoreño sigue apoyando a Bukele con fervor, valorando los niveles inéditos de seguridad pública tras años de asedio de las maras. El régimen de excepción vigente ha llevado a la cárcel a más de 80 mil personas, aunque con múltiples denuncias por abusos y detenciones arbitrarias.

Con esta reforma, Bukele se convierte en el primer presidente salvadoreño con vía libre para eternizarse en el poder en tiempos de democracia electoral. Y lo hace en medio de un fenómeno regional donde varios líderes buscan reproducir su modelo, presentándolo como una “dictadura funcional” que pone el orden por encima de los derechos.

La medida ha provocado inquietud en sectores internacionales, ONGs de derechos humanos y opositores internos que ven con alarma el vaciamiento institucional del país. No obstante, para su base social, Bukele sigue siendo el redentor que puso de rodillas a las pandillas y modernizó el país desde una lógica vertical y tecnocrática.

El Salvador amanece con una nueva arquitectura constitucional moldeada al gusto de su Presidente. Una arquitectura que no solo modifica las reglas del juego, sino que las adapta para que el jugador principal nunca tenga que bajarse del tablero. ¿Es esto el triunfo del pueblo o la consagración del caudillo? En cualquier caso, la historia ha comenzado a escribirse con tinta permanente.

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