El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se plantó frente a Donald Trump con un mensaje que retumbó en la región: Brasil no se arrodilla. Lula dejó claro que no tiene relación con el mandatario estadounidense y que no permitirá que Washington actúe como dueño del planeta.
La tensión estalló luego de que la Casa Blanca insinuara la posibilidad de sanciones económicas contra Brasil, tras la condena a 27 años de prisión contra Jair Bolsonaro. Lejos de retroceder, Lula salió al choque y respondió con dureza.
“Trump ha negado todo lo que comúnmente sabemos sobre el respeto a las instituciones democráticas en el mundo”, lanzó el presidente brasileño, apuntando directo contra la figura del republicano.
Lula advirtió que, si Estados Unidos avanza en esa dirección, terminará pagando un costo político. “Ellos no quieren hablar. No quieren multilateralismo, quieren unilateralismo”, denunció, dejando en evidencia que el conflicto con Washington no es por falta de diálogo, sino por la arrogancia de Trump.
El brasileño fue todavía más lejos al marcar territorio: “Lo único que sé es que Trump es el presidente de Estados Unidos de América, no el emperador del mundo”. La frase, repetida en todos los medios, sintetiza la batalla de Lula contra el intento de Trump de imponerse como poder absoluto.
Mientras la Casa Blanca mide sus pasos, Lula convirtió el pleito en una defensa abierta de la soberanía de Brasil y del derecho de los pueblos a decidir sin presiones externas. Trump, acostumbrado a la sumisión, encontró en Lula un rival que no le teme y que no se deja intimidar.
El choque diplomático recién comienza, pero ya tiene un título escrito: Lula contra Trump, un duelo que sacude el tablero continental.