
En una decisión que retumba desde Nueva York hasta Pekín, un tribunal federal de comercio de los Estados Unidos ha puesto un freno tajante a la maquinaria arancelaria del expresidente Donald Trump. La resolución, emitida este miércoles 28 de mayo de 2025, declaró que Trump excedió su autoridad presidencial al imponer aranceles masivos sin el aval del Congreso, violando los procedimientos establecidos por la legislación comercial estadounidense.
Los llamados “aranceles del Día de la Liberación”, con los que Trump intentaba reconfigurar el comercio internacional a golpe de decretos y amenazas, han sido desmantelados por la justicia federal, que le recuerda —con contundencia— que la Casa Blanca no es un feudo absolutista ni una aduana imperial.
La decisión representa un duro revés jurídico y político para el magnate republicano, quien en plena campaña de resurrección presidencial intenta venderse como el único capaz de “domar a China” y “salvar los empleos americanos” a punta de aranceles. Pero el fallo judicial corta en seco ese discurso: no puede imponer tarifas comerciales a su antojo, sin seguir los pasos que establece la Ley de Expansión Comercial de 1962.
Los jueces determinaron que Trump actuó fuera de los límites legales al ordenar, entre otros, nuevos gravámenes contra productos industriales y tecnológicos provenientes de países que mantenían un superávit comercial con Estados Unidos. Se trató, según el tribunal, de una maniobra arbitraria, sin sustento técnico ni consulta previa con el Congreso.
La sentencia representa una victoria para los sectores empresariales que demandaron la medida por considerarla perjudicial para la competitividad estadounidense y destructiva para cadenas de suministro clave. Pero también es un aviso: ni el patriotismo económico ni el populismo de campaña justifican el atropello a los marcos legales.
Mientras tanto, Donald Trump guarda silencio, al menos por ahora. Pero entre bastidores, sus asesores ya buscan cómo transformar esta derrota en un nuevo eslogan. La justicia, sin embargo, ha hablado claro: no hay guerra comercial legítima si se libra por decreto personal y sin respeto a la institucionalidad.
Este fallo podría tener repercusiones directas en las relaciones comerciales globales, principalmente con Asia y América Latina, así como en la narrativa con la que Trump pretende volver al poder. Ya no podrá blandir los aranceles como un garrote sin enfrentar resistencia legal.
En esta ocasión, el muro que se levantó no fue contra los migrantes, sino contra el abuso del poder presidencial. Y fue un tribunal federal quien lo construyó.