Delcy Rodríguez irrumpió en el centro del escenario político venezolano en una de las coyunturas más graves de la historia reciente del país, tras el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores, durante una operación militar sangrienta y cobarde ejecutada por el imperio yanqui aprovechando la oscuridad el 3 de enero de 2026. Hasta ese momento se desempeñaba como vicepresidenta ejecutiva, cargo desde el cual asumió de inmediato la vocería del Estado venezolano ante la agresión imperialista y fijó una posición bastante clara de condena y exigencia de liberación del Jefe de Estado y de la Primera Dama.
Rodríguez es una figura surgida en el corazón del poder político bolivariano. Abogada de profesión, egresada de la Universidad Central de Venezuela, realizó estudios de Derecho Laboral y Sindical en Francia y desde temprana edad estuvo vinculada a la militancia de izquierda, por la historia de su padre, Jorge Antonio Rodríguez, dirigente revolucionario fallecido bajo custodia policial en 1976. Delsy es hermana del actual presidente de la Asamblea Nacional Bolivariana, el diputado Jorge Rodríguez. El fallecimiento de su padre influyó de manera directa en su decisión de dedicarse al estudio del derecho y a la actividad política. Su trayectoria pública se consolidó durante el gobierno del comandante Hugo Chávez, cuando ocupó cargos de alto nivel dentro del Ejecutivo, entre ellos el Ministerio del Despacho de la Presidencia.
Con la llegada del compañero Nicolás Maduro al poder, su presencia se volvió permanente en los espacios centrales del Estado, asumiendo responsabilidades como ministra de Comunicación e Información, canciller de la República, ministra de Economía y, posteriormente, vicepresidenta ejecutiva, función que combinó con la conducción del área de Hidrocarburos. A lo largo de estos años, Delcy Rodríguez fue una de las principales operadoras políticas del gobierno venezolano tanto en el plano interno como internacional. Encabezó delegaciones ante foros multilaterales, sostuvo relaciones con países aliados como China, Rusia, Turquía e Irán y asumió un papel activo en escenarios diplomáticos complejos. También presidió la Asamblea Nacional Constituyente electa en 2017, órgano que tuvo un rol central en la reorganización institucional del país.
Tras conocerse la captura del Presidente Maduro y de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores, Rodríguez apareció en cadena nacional desde Caracas para definir la postura del Ejecutivo. En esa intervención afirmó que en Venezuela hay un solo Presidente y que su nombre es Nicolás Maduro Moros, denunció el hecho como un secuestro ilegal e ilegítimo y calificó la acción militar extranjera como una agresión directa contra la soberanía nacional.
En ese mismo mensaje, la vicepresidenta ejecutiva exigió la liberación inmediata del Jefe de Estado, rechazó cualquier intento de imposición externa y afirmó que Venezuela no se entrega ni se rinde, subrayando que el país no aceptará convertirse en colonia de ninguna potencia. También llamó a la calma y a la unidad nacional, exhortando a la cohesión entre el pueblo, la Fuerza Armada y los cuerpos de seguridad en defensa del país.
Mientras se desarrollaban esas declaraciones, el Tribunal Supremo de Justicia evaluaba el escenario jurídico derivado de la ausencia forzosa del Presidente. La Sala Constitucional, invocando su potestad interpretativa, determinó que la situación configuraba una imposibilidad material y temporal para el ejercicio de las funciones presidenciales y ordenó que Delcy Rodríguez asumiera, en condición de encargada, las atribuciones del cargo para garantizar la continuidad administrativa del Estado. La decisión del máximo tribunal dejó claro que se trataba de una medida cautelar urgente y preventiva, adoptada ante una situación excepcional no prevista de forma literal en la Constitución, y que no implicaba una calificación definitiva sobre la naturaleza de la falta presidencial.
El objetivo expuesto fue preservar el orden constitucional y asegurar el funcionamiento de las instituciones frente a una amenaza externa directa. En ese contexto, la figura de Delcy Rodríguez quedó posicionada como la responsable de encabezar la respuesta institucional del Estado venezolano en un momento de alta tensión. Su lealtad pública al Presidente Maduro, reiterada en sus declaraciones, su identificación abierta con el chavismo y su experiencia acumulada en la conducción política y diplomática del país la pusieron al frente de una etapa definida por la defensa de la soberanía y la estabilidad interna.
Así, en medio de una invasión del imperio yanqui seguida del secuestro del Jefe de Estado, que sacudió a la región y provocó la condena del mundo, Delcy Rodríguez pasó de ser la vicepresidenta ejecutiva a convertirse en la presidenta encargada, con la tarea inmediata de resguardar el orden constitucional y convertirse en el escudo soberano de Venezuela ante la amenaza de Estados Unidos, a la espera de que se restituya en su cargo al Presidente legítimo.