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El ataúd del Papa Francisco, es sellado siguiendo una tradición milenaria de la Iglesia

Vaticano
Redacción Central 25/04/2025

En un acto cargado de solemnidad y tradición, el Vaticano ha cerrado esta noche tiempo del Vaticano, el ataúd del Papa Francisco, siguiendo los rituales que la Iglesia Católica ha preservado durante siglos para despedir a sus pontífices. La ceremonia tuvo lugar a las 20:00 horas locales en la majestuosa Basílica de San Pedro, bajo la mirada atenta de los cardenales y la Guardia Suiza Pontificia, quienes custodiaron el cuerpo del Santo Padre en sus últimos momentos visibles ante el mundo.

El rostro del papa fue cubierto con un velo blanco de seda, un gesto ancestral que simboliza la entrega del pontífice a la eternidad, dejando atrás lo terrenal para contemplar el rostro de Dios. Esta práctica tiene más de mil años de antigüedad, remontándose a las primeras ceremonias funerarias papales, donde el velo también servía para preservar la dignidad del pontífice en su tránsito final.

Junto al cuerpo de Francisco, se depositó el rogito, un pergamino que recoge los momentos más importantes de su pontificado, incluyendo sus encíclicas, viajes apostólicos y los gestos de apertura hacia los más pobres y necesitados, sello distintivo de su liderazgo pastoral. También se colocaron monedas acuñadas durante su papado, siguiendo el ritual que simboliza el paso del tiempo bajo su guía espiritual.

El ataúd permanecerá sellado y expuesto en la Basílica hasta las primeras horas de la mañana del sábado 26 de abril, permitiendo a los fieles una última oportunidad de despedida hasta las 6:00 a.m. locales. Posteriormente, se prepararán los detalles finales para el funeral que se celebrará ese mismo día, a las 10:00 a.m., en la Plaza de San Pedro. La misa será presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, en presencia de líderes mundiales, representantes de distintas religiones y miles de fieles congregados en Roma.

Tras la ceremonia, el cuerpo del Papa Francisco será trasladado a la Basílica de Santa María la Mayor, cumpliendo así su deseo personal de reposar en el templo mariano más importante de la capital italiana, un lugar que frecuentaba en oración antes y durante su pontificado.

Con este rito, el Vaticano despide a uno de los papas más cercanos a los pueblos, el primero latinoamericano, el que tendió puentes hacia los excluidos y cuya memoria quedará sellada en la historia, tal como hoy quedó sellado su ataúd, en la intimidad de una tradición que supera el tiempo.

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