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Evo Morales, intenta revertir inhibición presidencial electoral

Política
Redacción Central 21/05/2025

Evo Morales no se rinde. Desde el corazón verde del Chapare, el histórico líder indígena boliviano ha vuelto a encender la chispa de la resistencia. A menos de tres meses de las elecciones presidenciales, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha decidido dejarlo fuera de la contienda, alegando que no cuenta con una sigla política válida. Pero Evo, lejos de bajar la cabeza, ha prometido dar la batalla, en lo legal, en lo social y, si es necesario, en las calles.

Con el Movimiento al Socialismo (MAS) fragmentado y bajo el control del Presidente Luis Arce, Morales había buscado alianzas con otros partidos como Frente Para la Victoria y PAN-BOL, pero el TSE inhabilitó estas plataformas. La jugada fue vista como un cerrojo anticipado contra su retorno al poder. Sin sigla, sin acceso al sistema informático electoral, y sin inscripción, la candidatura de Evo fue considerada inviable por los magistrados del órgano electoral.

Pero el hombre que transformó Bolivia entre 2006 y 2019 no se resigna a la exclusión. En declaraciones a Radio Kawsachun Coca, denunció un plan político para eliminar al “movimiento más grande del país” del escenario electoral. “Si existe alguna sublevación será responsabilidad del Gobierno”, advirtió, señalando a Arce como parte de una maquinaria que busca borrar su legado.

La respuesta del Ejecutivo no se hizo esperar. Desde la Casa Grande del Pueblo, el Presidente Luis Arce acusó a “grupos con intereses personales” de querer desestabilizar la democracia. Pero en las calles, miles de evistas ya se movilizan. El pasado viernes, marcharon hasta las oficinas del TSE para exigir la habilitación de Morales. No hubo represión, pero sí cerrazón institucional. El TSE se mantiene firme y, por ahora, Evo sigue fuera.

La crispación va más allá de Morales. El Movimiento Tercer Sistema (MTS), que impulsa la candidatura del senador Andrónico Rodríguez, también enfrenta una ofensiva judicial. La denuncia fue presentada por un viejo aliado del neoliberalismo, Peter Erlwein Beckhauser, y ha sido leída como parte de una estrategia general para judicializar el proceso electoral y cercenar a las principales fuerzas opositoras.

Mientras tanto, el TSE ha anunciado que analizará en Sala Plena las denuncias y recursos. La incertidumbre se adueña del panorama político boliviano. ¿Habrá elecciones verdaderamente libres? ¿O será esta una elección sin Evo, sin Andrónico y sin competencia real?

Evo Morales lo sabe: lo que está en juego no es solo su candidatura, sino la democracia popular boliviana, el derecho del pueblo a elegir sin filtros ni vetos. Por eso, lejos de rendirse, ha optado por resistir. Y en esa resistencia, como tantas veces en la historia de América Latina, puede estar gestándose una nueva etapa. Una etapa donde el pueblo, una vez más, se convierta en protagonista.

¿Será este el inicio de una nueva rebelión social? ¿O el final del ciclo político del líder indígena? Nadie lo sabe con certeza. Pero si algo ha enseñado Evo, es que en Bolivia, el destino jamás se escribe en despachos burocráticos, sino en el clamor profundo de su gente.

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