En un nuevo acto de fuerza brutal, el régimen israelí interceptó y detuvo este lunes 9 de junio a los 12 tripulantes del velero Madleen, una embarcación cargada de ayuda humanitaria que se dirigía a la Franja de Gaza. Entre los arrestados figuran figuras internacionales de alto perfil como la activista climática Greta Thunberg, la eurodiputada franco-palestina Rima Hassan y el actor irlandés Liam Cunningham, conocido por su papel en Game of Thrones.
La embarcación fue abordada violentamente por comandos israelíes en aguas internacionales del Mediterráneo, cerca de la costa bloqueada de Gaza. El Madleen transportaba alimentos, leche infantil, medicamentos, muletas, kits de purificación de agua, y prótesis para niños mutilados por las bombas. Pero en lugar de recibir protección y reconocimiento, fue tratado como amenaza. La embarcación fue confiscada y llevada al puerto israelí de Ashdod, mientras sus ocupantes eran arrestados y trasladados bajo custodia.
Este acto ha sido duramente condenado por organizaciones defensoras de derechos humanos, parlamentarios europeos y ciudadanos de todo el mundo. La Freedom Flotilla Coalition, organizadora de la misión, calificó la operación como un «crimen de guerra en aguas internacionales» y denunció que Israel viola no solo el derecho humanitario, sino los principios más elementales de humanidad.
El Madleen zarpó el 1 de junio desde Catania, Sicilia, desafiando el bloqueo criminal que Israel impone sobre Gaza desde hace más de 17 años. Su misión era puramente civil y humanitaria. No llevaba armas, ni propaganda, ni violencia. Solo llevaba dignidad, solidaridad y esperanza para un pueblo asediado.
Pero Tel Aviv, como en los peores tiempos, recurrió nuevamente al miedo y a la represión. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, había amenazado con detener la misión «por cualquier medio necesario», lo que finalmente ocurrió. Esta acción no es un hecho aislado: recuerda al fatídico asalto del 2010 contra el Mavi Marmara, donde 10 activistas murieron por fuego israelí.
El arresto de Greta Thunberg y otros activistas revela el nerviosismo de Israel frente a las voces que rompen el cerco mediático. No soportan que el mundo se entere del sufrimiento de Gaza, ni que jóvenes, políticos y artistas alzen la voz por Palestina. Lo que no logran silenciar con drones, lo intentan callar con detenciones ilegales.

