El boxeo argentino perdió este lunes a una de sus figuras más aguerridas y carismáticas: Alejandra “Locomotora” Oliveras, quien falleció a los 47 años tras dos semanas de lucha en terapia intensiva, luego de sufrir un accidente cerebrovascular. Su muerte se confirmó desde el hospital José María Cullen de Santa Fe, donde permanecía internada desde el pasado 14 de julio.
Nacida en Jujuy, criada en la pobreza, mamá adolescente y sobreviviente de la violencia de género, Oliveras hizo de su vida un combate constante. Campeona mundial en seis oportunidades, disputó 38 peleas profesionales, de las cuales ganó 33. Con puños encendidos y un corazón indomable, se ganó el respeto del deporte y el cariño del pueblo.
Su historia arrancó en una plaza, cuando una pelea improvisada con guantes prestados y un carnicero como árbitro le reveló un destino que ella misma construiría a fuerza de coraje. “Hubo ring, hubo apuestas, y me sentí boxeadora”, recordaba con orgullo.
Su noche más gloriosa fue el 20 de mayo de 2006, cuando en Tijuana noqueó a la mexicana Jackie Nava, dándole a la Argentina su primera victoria femenina en tierras extranjeras. Pero también conoció la amargura del ring: su derrota más dura fue ante Marcela “La Tigresa” Acuña en el Luna Park, un combate que todavía vibra en la historia del boxeo femenino.
Tras colgar los guantes en 2017, Alejandra reinventó su vida. Se volvió influencer, motivadora, ícono de resiliencia. Sus videos de ejercicios, sus frases de aliento y su energía desbordante le ganaron otra clase de seguidores. También incursionó en la televisión y la política. En 2021 fue candidata a diputada, y en 2024 asumió responsabilidades dentro del Ministerio de Seguridad, como parte de la Dirección Nacional de Seguridad en Eventos Deportivos.
El día de su ACV, debía asumir como convencional constituyente por el Frente de la Esperanza, para participar en la reforma de la Constitución de Santa Fe. El destino le tenía preparado otro combate, uno que lamentablemente no pudo ganar.
A lo largo de su vida, “Locomotora” rompió moldes, desafió estereotipos, y nunca se disculpó por ser fuerte. Con su voz ronca, su sonrisa amplia y su estilo frontal, supo decir: “Soy una Rocky mujer, pero de verdad”. Y lo fue.
La despedimos de pie. Porque se lo merece.