Con Palacio Nacional a reventar y una batería de datos bajo el brazo, la Presidenta Claudia Sheinbaum presentó su primer informe de Gobierno y se plantó con una idea central: México atraviesa “un momento estelar” que combina estabilidad económica, reformas de gran calado y una relación de cooperación —sin subordinación— con Estados Unidos.
En el terreno internacional, la mandataria puso una señal de rumbo: esta semana se reunirá con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, para acordar un marco de colaboración en seguridad. En su agenda inmediata también aparecen el primer ministro de Canadá, Mark Carney, y, más adelante, el Presidente de Francia, Emmanuel Macron. Sheinbaum defendió que, pese a la nueva ola de aranceles impulsada desde Washington, México mantiene el menor promedio arancelario del mundo y llega bien posicionado a la próxima revisión del T-MEC.
La pieza social llevó sello propio. Desde febrero —dijo— el programa “México te abraza” ha atendido a 86 mil connacionales deportados: inscripción al seguro social, una “tarjeta paisano” para trámites, acceso a empleo y vivienda, transporte a sus lugares de origen, además de comida caliente y albergue temporal. En paralelo, los consulados en Estados Unidos reforzaron asesoría legal y procesos administrativos para la comunidad migrante.
Puertas adentro, Sheinbaum se jugó el capital político en su mayor bandera: las reformas. Habló de 19 cambios constitucionales y 40 nuevas leyes aprobadas en once meses, con un golpe de timón en justicia: la elección por voto popular de ministras, ministros, magistradas, magistrados y jueces realizada en junio, que, aseguró, cierra una era de nepotismo y abre otra de legalidad. Sumó a la lista la incorporación de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa, el reconocimiento constitucional de pueblos indígenas y afromexicanos, el “rescate” de Pemex y CFE como empresas públicas estratégicas y medidas ambientales como la prohibición del maíz transgénico y de los vapeadores.
La economía fue el otro eje del discurso. La Presidenta habló de un “nuevo modelo” que casa estabilidad macro con prosperidad compartida: inversión extranjera directa récord en el primer semestre (36 mil millones de dólares), inflación de mitad de año en 3,5%, desempleo de 2,7% y un peso por debajo de 19 por dólar. Reportó ingresos federales por 5,95 billones de pesos a agosto —8,5% más en términos reales que en 2024—, y reivindicó la ruta salarial: alza del 12% al mínimo en 2025 y un acumulado de 135% desde 2018. Según su balance, la deuda pública se mantiene en torno a 50% del PIB.
No faltó la continuidad con el proyecto que la llevó al poder: “No llegué sola, llegamos todas las mujeres”, dijo al abrir, y defendió que se dejó atrás “la oscura noche neoliberal” para consolidar políticas de redistribución. En popularidad, se mantiene en zona de confort: mediciones recientes la ubican en torno al 70% de aprobación, con programas sociales como su mejor carta y la seguridad como el principal desafío.
Sobre seguridad, el informe presumió una caída de 23,7% en homicidios dolosos entre octubre y julio respecto al arranque del sexenio anterior, con Omar García Harfuch al frente del gabinete del ramo y una apuesta por inteligencia y coordinación territorial. Aun así, las cifras conviven con críticas sobre la calidad de los registros y la persistente impunidad en las fiscalías. El contraste resume el reto: bajar la violencia con instituciones que investiguen mejor.
El capítulo de infraestructura llegó como inventario de obras y modernización portuaria —con mención al Golfo de México— y la promesa de apuntalar el llamado “segundo piso” de la Cuarta Transformación: crecimiento por inversión pública y privada, empuje manufacturero y energía bajo rectoría estatal.
En una hora larga, el mensaje dejó claro el libreto del segundo año: cuidar la relación con Washington, acelerar la ejecución de reformas ya aprobadas, convertir las cifras económicas en mejora palpable de ingresos y enfrentar la seguridad sin ceder la conducción civil. “Resultados, no palabras vacías”, remató. El examen ciudadano —como siempre— será en la calle y en el bolsillo.