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Junta de Paz, un caramelo envenenado

Stalin Magazine
Stalin Vladimir 23/01/2026

La llamada Junta de Paz (Board of Peace) fue presentada el 22 de enero de 2026, durante un acto oficial realizado en el marco del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, donde Donald Trump encabezó la ceremonia de firma de los estatutos del nuevo organismo que se inventó como un traje a su medida.

La convocatoria fue un completo fracaso porque no alcanzó el nivel anunciado por la Casa Blanca y al show solamente asistieron supuestos líderes agachados del trumpismo.

Entre los presentes figuraron el loco Milei de Argentina, el genocida de Israel, Benjamín Netanyahu apoya pero no llegó, otros que integran esta controversial junta, son, el corrupto ex primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, una joya con protagonismo es el propio yerno de Trump, Jared Kushner, junto a empleados del gobierno norteamericano como el indeseable Marco Rubio y el asesor adjunto de Seguridad Nacional, Robert Gabriel.

En su planteamiento inicial, la Junta aparecía vinculada a la supervisión del alto el fuego y la reconstrucción de la Franja de Gaza tras más de dos años de guerra. Sin embargo, los estatutos aprobados posteriormente ampliaron su alcance y dejaron fuera cualquier mención explícita al pueblo palestino, abriendo la puerta a una intervención en conflictos globales sin delimitación territorial ni temporal.

Donald Trump figura como el amo y señor del organismo de manera indefinida, según los estatutos hechos por él mismo, con atribuciones que no dependen de la duración de su mandato presidencial al frente de la Casa Blanca. El marco aprobado le otorga facultades para designar integrantes, ejercer veto y definir la agenda estratégica, incluso después de dejar el cargo. El esquema de adhesión establece que incorporarse a la Junta no tiene costo inicial, pero la permanencia queda condicionada al pago de una membresía única de 1.000 millones de dólares para un asiento permanente con voz y voto, fijando un criterio económico como requisito para mantenerse dentro de la cúpula de influencia del organismo.

La tal Junta de Paz se organiza jerárquicamente por encima de un comité ejecutivo reducido, integrado por figuras del entorno político y financiero estadounidense, así como algunos jefes de Estado de Europa y otros de Medio Oriente.

Entre sus miembros se incluyen altos funcionarios de la actual administración, asesores personales y actores con supuesta influencia en la política exterior y en el mercado bursátil. El diseño del organismo no contempla ninguna instancia de supervisión independiente que modere, revise o equilibre sus acciones, quedando configurado como un núcleo cerrado que podría derivar en prácticas autoritarias.

El invento de Trump pretende no sólo competir con las Naciones Unidas, sino asumir sus atribuciones y superarlas. De esto ya se han dado cuenta varios países europeos que han manifestado su rechazo a la iniciativa del mandatario estadounidense, entre ellos Francia, Noruega y Suecia, que han advertido que la llamada, Junta de Paz, socava el sistema multilateral y el papel histórico de las Naciones Unidas, mientras otros Gobiernos del continente han optado por mantener distancia o posponer cualquier definición ante un esquema que altera las reglas del orden internacional vigente.

Las Naciones Unidas, una de las más afectadas con esta injerencia, ya se pronunció y se sumó al rechazo casi generalizado del mundo. El organismo dejó claro que cualquier respaldo a la llamada, Junta de Paz, se limitaría exclusivamente a tareas ya aprobadas y vinculadas al proceso de paz en Gaza, conforme a resoluciones vigentes.

Al mismo tiempo, reafirmó que su mandato y su marco legal continúan siendo los únicos reconocidos para la mediación y la gestión internacional de conflictos, subrayando que el sistema multilateral existente sigue siendo el eje central del orden internacional.
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Mientras la llamada Junta de Paz, el nuevo juguete del Presidente Donald Trump, comienza su recorrido con una configuración cuestionada desde su nacimiento, el ajedrez internacional ya muestra desplazamientos que van más allá de ese experimento político.

Simultáneamente, el reordenamiento global avanza con dinámicas propias, impulsado por bloques y potencias que fortalecen alianzas económicas, financieras y estratégicas fuera de la órbita estadounidense, con Rusia y China consolidando espacios de coordinación política, comercial y diplomática junto a otras naciones emergentes.

Este movimiento no es como otros sacados de la manga de la camisa ni como un conejo extraído del sombrero de un mago, sino que responde a procesos acumulados que reconfiguran el equilibrio internacional, reducen la influencia de Washington y dejan a iniciativas como la Junta de Paz caminando renca desde su origen, desconectadas de la arquitectura original donde hoy se definen las decisiones de peso global.

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