Este 6 de enero se conmemora el Día de los Reyes Magos, en la tradición cristiana se recuerda el pasaje bíblico en el que los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, visitan a Jesús tras su nacimiento, guiados por la estrella de Belén, y le ofrecen oro, incienso y mirra. Pero en este caso, nosotros aprovechamos la fecha como contexto para denunciar a los tres reyes malos, Donald Trump, Benjamin Netanyahu y Volodymyr Zelensky, responsables de guerras, invasiones, secuestros presidenciales, muertes, crisis económica, violaciones a los derechos humanos, pobreza y tristeza en la humanidad.
Iniciamos con Donald Trump, el mismo que fue condenado por 34 cargos penales, además de escándalos sexuales, acusaciones por abuso y acoso, procesos por intentar revertir las elecciones de 2020, autor intelectual del asalto al Capitolio ocurrido el 6 de enero de 2021, y amigo personal del fallecido pedófilo Jeffrey Epstein, Trump también fue exhibido con fotos personales comprometedoras, pero esta vez terminó de consolidarse como uno de los reyes malos de este tiempo, el 3 de enero de 2026, ordenó una invasión militar sangrienta contra Venezuela, atacó Caracas en la madrugada y ejecutó el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores, quitándose la máscara ante el mundo y demostrando que su objetivo siempre fue apropiarse del petróleo de Venezuela y de sus minerales.
Pero aún hay más ya que, en el 2025 inundó el planeta de su fallida guerra arancelaria y la ejecutó como un instrumento de presión con amenazas y anuncios de gravámenes que oscilaron entre el 50 %, el 100 %, el 200 % y hasta proyecciones del 250 %, dirigidos contra la Unión Europea, China, Canadá, México y otros socios comerciales en América Latina, incluyendo propuestas de aranceles del 200 % a vinos, champañas y licores europeos, del 100 % a películas producidas fuera de Estados Unidos, del 100 % a chips y semiconductores y aranceles muy altos a medicamentos, además del anuncio de un Servicio Externo de Impuestos y la promesa de un dividendo arancelario de 2.000 dólares, con una parte significativa de esas medidas sin materializarse al cierre del año, pero generando incertidumbre económica global y efectos internos directos.
Entre enero y octubre de ese 2025, al menos 200.000 inmigrantes fueron deportados desde el imperio yanqui como parte de una política violatoria a los derechos humanos y de expulsión, basada en redadas, arrestos y detenciones realizadas en lugares de trabajo, estacionamientos, vecindarios e incluso en las afueras de cortes de inmigración.
Las deportaciones afectaron principalmente a México, que concentró más del 53 % de los casos con más de 100.000 personas expulsadas, seguido por Guatemala por alrededor del 15 % y Honduras cerca del 13 %, lo que representó un aumento aproximado del 470 % en comparación con el mismo periodo del gobierno anterior. Organismos de derechos humanos documentaron abusos en centros de detención, muertes bajo custodia y prácticas contrarias a estándares internacionales, mientras la política provocó separación masiva de familias, afectación directa a comunidades enteras y consecuencias económicas visibles, incluyendo pérdidas millonarias en el sector agrícola por la ausencia de mano de obra inmigrante, sin que se redujera el fenómeno migratorio.
Y no solo eso, pues el cierre del gobierno federal más largo de la historia fue otra consecuencia directa de las políticas torpes de Donald Trump, una crisis institucional que comenzó el 1 de octubre de 2025 y se extendió durante 43 días, hasta su finalización el 12 de noviembre de 2025, cuando el Congreso aprobó un acuerdo que el propio Trump terminó firmando bajo presión política.
Ese bloqueo prolongado paralizó agencias federales, dejó a cientos de miles de trabajadores sin salario temporalmente y generó una interrupción económica significativa en varios frentes.
Se estima que el cierre causó pérdidas económicas que oscilaron entre 7.000 millones y 14.000 millones de dólares que no se recuperarán por completo este año, además de que cada semana de cierre pudo costar hasta 15.000 millones de dólares en actividad económica, redujo el crecimiento esperado del Producto Interno Bruto y se tradujo en una pérdida acumulada de hasta 90.000 millones de dólares para la economía estadounidense al final de ese período, afectando tanto al sector público como al privado y profundizando la inestabilidad interna al trasladar el costo del enfrentamiento político al pueblo y al funcionamiento mismo del Estado.
En política exterior, Trump mantuvo su agresión contra el pueblo bolivariano de Venezuela, semanas ates de invadirla y llevarse secuestrados a su presidente legítimo y la primera dama, ya venía actuando de manera delincuencial y autoritaria.
Todo esto lo demostró en el robo e interceptación de buques petroleros y violación a la soberanía con el cierre del espacio aéreo de ese país, además de acciones distintas ejecutadas bajo presión militar y con presencia permanente de fuerzas navales y aéreas estadounidenses en el Caribe, encabezada por el portaaviones Gerald R. Ford, el pirata más grande del mundo, con 100.000 toneladas de desplazamiento, más de 335 metros de longitud y alrededor de 5.000 efectivos a bordo, acompañado por tres destructores con capacidad de lanzamiento de misiles, un submarino nuclear de ataque, más de 75 aeronaves entre cazas y unidades de vigilancia, y una fuerza acumulada de aproximadamente 15.000 militares estadounidenses desplegados en la región, incluyendo tropas en tierra en Puerto Rico y unidades aeronavales operando de forma continua.
Dichas acciones militares las realizó a espaldas de la ONU y del derecho internacional, incluyendo crímenes extrajudiciales al explotar lanchas con pescadores a los que acusó sin prueba de ser narcotraficantes. Esa conducta criminal tuvo consecuencias políticas. El 10 de diciembre de 2025, en Oslo, Noruega, durante la ceremonia del desprestigiado Premio Nobel de la Paz, al dictador Trump no le entregaron el galardón que tanto anhelaba, y por el contrario le dieron el ensangrentado premio a la loca, golpista y vendepatria de María Corina Machado.
Otro rey malo fue Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, responsable del genocidio contra la Franja de Gaza iniciado tras octubre de 2023 y prolongado durante 2024 y 2025.
Para septiembre de 2025, el saldo documentado superaba las 65.000 personas palestinas asesinadas, más de 165.700 heridas, millones de desplazadas y 432 muertes por desnutrición, entre ellas 146 niñas y niños, como consecuencia directa del asedio, los bombardeos y el bloqueo. La destrucción alcanzó hospitales, escuelas, viviendas, sistemas de agua y electricidad, provocando el colapso sanitario, el hambre masiva y la devastación de la vida comunitaria en Gaza.
En el plano jurídico, la Corte Internacional de Justicia abrió procedimientos por genocidio y declaró ilegal la ocupación prolongada del territorio palestino, mientras que la Corte Penal Internacional giró orden de captura contra Netanyahu, dejándolo formalmente como prófugo de la justicia internacional.
Sin embargo, estas decisiones no tuvieron consecuencias concretas debido a la complicidad política y diplomática de Estados Unidos, que bloqueó cualquier sanción efectiva en la ONU y vetó las resoluciones aprobadas.
En Israel, la prolongación de la guerra desató protestas masivas, crisis política interna y acusaciones directas contra Netanyahu por utilizar el conflicto como mecanismo de supervivencia política. Los anuncios de alto al fuego fueron seguidos por nuevas acciones militares, confirmando una conducta que consolidó a Netanyahu como uno de los reyes malos de este tiempo, asociado a genocidio, destrucción e impunidad.
El tercer rey malo, que por sus hechos lo conoceréis como dice la Biblia, es Volodymyr Zelensky, quien se enriqueció junto a su esposa y su círculo familiar con la sangre del pueblo ucraniano.
Mientras la guerra que él provocó desangraba al país y agravaba aún más su situación, no desaprovechó el conflicto y lo convirtió en un lucro personal alimentado por miles de millones de dólares y euros, enviados desde Estados Unidos y Europa sin control ni fiscalización, pero además su período presidencial se venció en mayo de 2024 y decidió mantenerse en el poder bajo la ley marcial, quedando como un dictador.
Por otra parte fracasó en su intento de magnicidio a un jefe de Estado cuando entre el 28 y el 29 de diciembre de 2025 lanzó 91 drones contra la residencia desde donde despacha el líder y Presidente de la Federación de Rusia, el compañero Vladimir Putin, un ataque que fue completamente neutralizado por la defensa rusa sin causar daños ni víctimas, pero lo deja en evidencia que además de corrupto y dictador es un criminal.
Este recuento político solamente confirma que estos tres reyes malos ya tienen un lugar seguro en el basurero de la historia.