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Lula se arrodilla ante Trump y le pide cacao

Política
Redacción Central 06/10/2025

Lula da Silva decidió tragarse el discurso altivo que tantas veces lució y, con tono casi suplicante, llamó al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para rogarle que quite los aranceles que ahogan a la industria brasileña y levante las sanciones impuestas a altos funcionarios de su Gobierno, incluso a un magistrado de la Corte Suprema.

La conversación, de apenas veinte minutos, fue presentada por el ministro de Finanzas, Fernando Haddad, como “positiva”. Sin embargo, en los pasillos de Planalto se habla de un acto desesperado: Lula busca recomponer una relación que él mismo tensó con años de retórica antiestadounidense y ahora, ante el peso de los aranceles del 50 % y el aislamiento económico, se ve forzado a tender la mano al mismo líder al que antes retaba con discursos de soberanía.

Trump, lejos de mostrarse blando, aprovechó el momento. Según fuentes de Washington, designó al secretario de Estado, Marco Rubio, para dirigir las negociaciones comerciales y dejó claro que cualquier alivio será bajo sus condiciones. El republicano sabe que Brasil llega débil y que Lula necesita más que nunca abrirle las puertas al mercado estadounidense.

El giro es tan brusco que ha generado incomodidad incluso entre sectores que apoyaron al mandatario brasileño. Durante años Lula se mostró como un defensor de un Brasil independiente, retador ante el poder del norte. Hoy, la escena cambia: un Presidente que baja la cabeza, golpeado por una economía que no despega y un comercio exterior encadenado por aranceles que él no logró frenar.

La petición de levantar sanciones a figuras de su entorno político, incluida la de un juez del Supremo, revela también una búsqueda de protección personal y política. Lula no solo quiere salvar el comercio; quiere quitar del camino los castigos que pesan sobre su círculo más cercano.

En Estados Unidos, la acción fue vista como una rendición. Trump no tiene apuro: sabe que el tiempo juega a su favor y que Brasil llega a negociar sin margen. El republicano impuso una política dura desde el juicio contra Jair Bolsonaro y, pese a las quejas brasileñas, mantuvo la presión hasta ver a Lula tocar la puerta.

Si el encuentro cara a cara se concreta a finales de mes en Malasia, será un escenario inusual: un Lula necesitado, buscando un salvavidas económico y político, frente a un Trump que disfruta su posición de fuerza.

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