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María Elena Bergoglio despide a su hermano Francisco, con palabras de amor y fe

Vaticano
Redacción Central 25/04/2025

La voz quebrada, pero firme. Así habló María Elena Bergoglio, la única hermana viva del Papa Francisco, tras conocer la partida física de su hermano Jorge Mario, quien dedicó su vida a los pobres, a la paz y a la esperanza del mundo. En medio del dolor, María Elena encontró palabras que retumbaron como un eco profundo desde la entraña de la fe y la familia, esa que el Papa siempre sostuvo como el primer pilar de toda sociedad.

«Hoy no solo despido a mi hermano, hoy despido a un pastor universal, pero para mí siempre será Jorge, el niño que jugaba en las calles de Flores, el hermano que compartía el pan y los sueños sencillos de una familia argentina común. Se ha ido, pero se queda en el amor de quienes le conocieron, en la sonrisa de los humildes y en la esperanza que supo sembrar en los corazones», expresó María Elena, con los ojos humedecidos por la ausencia y la memoria.

A sus 76 años, la hermana menor del pontífice no quiso ocultar el dolor, pero tampoco dejó que el sufrimiento nublara su testimonio de vida. «Él nunca dejó de ser ese hermano que me cuidaba, que me aconsejaba, que me corregía. Para el mundo fue Francisco, el Papa de los pobres, el Papa de la misericordia. Para mí siempre fue Jorge, el hermano mayor, el que rezaba conmigo, el que me enseñó que la fe es un camino cotidiano, no solo palabras bonitas», relató con una ternura desbordada por la nostalgia.

María Elena, que siempre se mantuvo alejada de los reflectores, ha sido una presencia discreta pero firme en la vida del Papa. En sus palabras quedó el reflejo de esa relación fraternal profunda, tejida en los años de infancia, en las mesas familiares, en los silencios compartidos y en las despedidas contenidas por la distancia de Roma.

«Su partida es como una grieta en mi corazón, pero sé que ahora está en la casa del Padre, descansando después de haber cargado tantas cruces ajenas. Le agradezco a Dios por haberme permitido ser su hermana, por haber caminado juntos esta vida, y le pido al Señor que me dé fuerzas para seguir adelante, porque aunque me queda el vacío, también me queda la certeza de que Jorge sigue vivo en la fe que nos enseñó», concluyó.

En el Vaticano, mientras las campanas repicaban por la partida del pastor, la voz de María Elena Bergoglio resonó en miles de almas, no como una declaración formal, sino como un testimonio de vida, de amor fraternal y de fe en la resurrección.

Así se despidió del Papa, pero sobre todo, del hermano.

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