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Murió Kepa Amuchastegui, el actor que conmovió a Colombia, como el Papá de don Armando en «Betty La Fea»

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Redacción Central 28/05/2025

La televisión colombiana está de luto. La noche del 27 de mayo, a las 11:11 p.m., se apagó una voz profunda, elegante, cargada de humanidad. Falleció Kepa Amuchastegui, uno de los actores más queridos del país, a los 84 años de edad. Fue mucho más que el inolvidable padre de Don Armando en «Yo soy Betty, la fea»: fue maestro, director, libretista y un caballero de la escena, que durante más de medio siglo honró el arte dramático.

Nacido el 9 de diciembre de 1941 en Bogotá, de raíces vascas, su vida fue moldeada por la historia. Su padre huyó de Bilbao la noche antes de la entrada de las tropas franquistas, y su familia se sostuvo vendiendo velas y cirios. Contra todo pronóstico, Kepa no soñó con ser actor. Estudió arquitectura en la Universidad de los Andes, pero el teatro le salió al encuentro, y no lo soltó jamás.

Ganó una beca para estudiar actuación en Francia, y luego ingresó a la Royal Shakespeare Company de Londres, donde creció desde asistente de escenario hasta llegar a la dirección con el mítico Peter Brook. De regreso a Colombia, su paso de actor a director fue accidental, pero providencial. Su talento lo condujo a crear y liderar más de 40 producciones televisivas, teatrales y cinematográficas.

Quienes lo conocieron no solo recuerdan su presencia imponente en pantalla, sino su profundidad, su capacidad para conmover y su inmensa sensibilidad. Fue inquisidor en La pezuña del diablo, presidente en La bruja, arzobispo en El olvido que seremos y, por supuesto, Roberto Mendoza, el padre comprensivo y entrañable de Betty en Yo soy Betty, la fea. Un rol que marcó generaciones y lo convirtió en símbolo de ternura y sabiduría.

Su legado teatral es también monumental: dirigió obras como El sueño de una noche de verano, Cementerio de automóviles, La casa de las dos palmas, Garzas al amanecer, entre muchas otras. En 2021, el Festival de Cine de Cartagena le otorgó el premio Víctor Nieto a Toda una Vida, un homenaje merecido a un hombre que vivió para el arte.

En diciembre de 2024 fue operado por un cáncer de vejiga. Un mes atrás, con la entereza que lo caracterizaba, grabó un video donde reveló su enfermedad y pidió apoyo económico: “Ya no puedo vivir de mi arte”, confesó. Fue un gesto de sinceridad conmovedora, de quien nunca temió mostrarse humano.

Hoy, Colombia lo despide con gratitud. Su cuerpo será velado en La Candelaria, el corazón de una Bogotá que lo vio nacer, crecer, transformarse en leyenda. Deja hijos, nietos, discípulos y una estela de personajes que seguirán hablándonos desde la memoria televisiva y teatral del país.

Kepa Amuchastegui no se ha ido. Solo ha bajado el telón para siempre, con un respiro lento y sereno, como él mismo lo deseó. Pero su voz —profunda, serena, viva— seguirá resonando cada vez que alguien encienda un televisor, abra un libro de teatro o recuerde aquella frase paternal que consolaba a Betty en sus momentos más oscuros.

¡Gracias, Kepa! Colombia te aplaude de pie.

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