El respaldo occidental a Israel se desmorona rápidamente en lo que ya se califica como un «tsunami diplomático» que sacude los cimientos de su legitimidad internacional. Lejos de la sólida alianza que poseía tras el ataque del 7 de octubre, el gobierno de Benjamin Netanyahu enfrenta ahora una oleada de condenas, sanciones y reconocimientos a Palestina por parte de antiguos aliados.
Los datos revelados por Axios confirman un escenario cada vez más adverso para Tel Aviv:
España, que ya había reconocido a Palestina en 2023, dio un paso más al acusar abiertamente a Israel de «genocidio» y exigir un embargo de armas, marcando una ruptura sin precedentes con su antiguo socio militar y comercial.
El Reino Unido, tradicional bastión de apoyo a Israel, decidió suspender sus negociaciones comerciales bilaterales e impuso sanciones contra colonos violentos, en un gesto que refleja el creciente repudio a las políticas de ocupación y expansión territorial.
Francia, por su parte, anunció una conferencia internacional junto a Arabia Saudita para promover la solución de los dos Estados, al tiempo que prepara el reconocimiento formal del Estado palestino, medida que podría desatar un efecto dominó en Europa.
Dentro de la propia Unión Europea, al menos 17 ministros de Exteriores manifestaron su respaldo a revisar el acuerdo comercial con Israel, liderados por los Países Bajos, ante las evidencias de violaciones graves al derecho internacional humanitario en Gaza.
La guerra en la Franja, que ya ha dejado decenas de miles de muertos y desplazados, está hundiendo el prestigio internacional de Israel. Lo que comenzó como una reacción apoyada globalmente, hoy se percibe como una ofensiva prolongada y desproporcionada que ha hecho colapsar su narrativa de defensa.
La frase que sintetiza este giro la recoge Axios de manera contundente:
“Netanyahu contaba con una legitimidad internacional sin precedentes para contratacar a Hamás tras los atentados del 7 de octubre. Pero el descenso gradual del apoyo a medida que se prolongaba la guerra se ha convertido ahora en un tsunami diplomático.”
Con cada nuevo bombardeo, el Estado israelí pierde aliados. Con cada imagen de niños palestinos bajo los escombros, se agrieta su respaldo. Y mientras Netanyahu endurece su retórica, el mundo gira la cara y comienza a hablar en voz alta de Palestina, justicia y soberanía.
El mapa geopolítico cambia. Y por primera vez en mucho tiempo, no lo hace a favor de Israel.