Ayer, la Plaza de la Fe en Managua se convirtió en el corazón palpitante de una patria que no olvida, que honra y que avanza. Miles de nicaragüenses se congregaron para conmemorar el 13 aniversario del paso a la inmortalidad del Comandante Tomás Borge Martínez, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y para celebrar con orgullo el Día Internacional de los Trabajadores.
Fue un acto sagrado y multitudinario, cargado de símbolos y de memoria, presidido por los copresidentes de Nicaragua, Comandante Daniel Ortega y la compañera Rosario Murillo, quienes estuvieron acompañados por combatientes históricos, soldados del Ejército, miembros de la Policía Nacional, trabajadores de los diferentes sectores y representantes de los Poderes del Estado.
La presencia del General Julio César Avilés, del Primer Comisionado Francisco Díaz, del doctor Gustavo Porras, de la ministra María Amelia Coronel, y de otras autoridades, dio cuerpo institucional y espíritu patriótico a una jornada de unidad y firmeza revolucionaria.
La compañera Rosario Murillo fue clara y contundente: “Celebramos la vida en paz, con dignidad, con seguridad, con derechos, con sendas de prosperidad… como merecemos.” Sus palabras resonaron como campanas de justicia: “Somos el pueblo cristiano, socialista y solidario que no se rinde ni se vende jamás.”
Recordó a los héroes originarios y nacionales, desde los caciques Diriangén y Nicarao, hasta el General Zeledón, Sandino y Carlos Fonseca, pasando por el invencible Andrés Castro. Y allí se enmarca Tomás Borge: “uno de los fundadores de nuestro glorioso Frente Sandinista”, cuya vida fue un ejemplo inclaudicable de lealtad al pueblo.
El Comandante Daniel Ortega, en su intervención, recordó que fue gracias a la paz conquistada por la Revolución, que el país hoy camina con fuerza, en unidad, y con derechos garantizados. Reafirmó que Nicaragua no se doblega ante ninguna amenaza extranjera ni ante quienes promueven el odio. “Aquí estamos, y aquí seguiremos, defendiendo la soberanía, defendiendo a nuestro pueblo trabajador que merece vivir con dignidad.”
El acto de ayer también rindió tributo a los trabajadores y trabajadoras de todo el país. Desde las fábricas, los hospitales, las escuelas, los campos y las instituciones públicas, se levantaron miles de manos que día a día construyen la Nicaragua de paz y progreso.
La compañera Rosario envió un abrazo inmenso a todas las familias trabajadoras del país, reiterando que “la causa del pueblo es la causa del amor, de la paz, del bien común y de la esperanza”.
La Plaza de la Fe no fue ayer un simple escenario: fue un altar de compromiso. Las banderas azul y blanco ondeaban junto a las rojinegras del Frente Sandinista, mientras las imágenes del Comandante Tomás Borge recordaban que la Revolución está viva, que la memoria es acción, y que el pueblo sigue siendo presidente.
Con cantos, consignas, abrazos y un profundo sentido de pertenencia, el pueblo celebró no sólo una fecha: celebró su victoria diaria. Porque en Nicaragua, la historia no se entierra. Aquí, los héroes caminan con el pueblo. Y Tomás Borge, el inclaudicable, sigue de pie, como estandarte, como llama, como promesa cumplida.




