No hubo milagros. No hubo rescatados. No hubo siquiera tiempo de gritar. Las 242 almas que viajaban en el vuelo AI171 de Air India murieron calcinadas tras un accidente brutal ocurrido la mañana de este jueves 12 de junio en Ahmedabad, India. El avión, un Boeing 787-8 Dreamliner que volaba hacia Londres, se precipitó contra una zona residencial y se convirtió en una bola de fuego. La tragedia es una de las peores que ha vivido el país en las últimas décadas.
El siniestro ocurrió poco después del despegue. A bordo viajaban 230 pasajeros, 2 pilotos y 10 tripulantes, entre ellos menores de edad, profesionales, familias enteras, turistas y ciudadanos de varias nacionalidades. Según confirmaron las autoridades locales, no hay sobrevivientes. El impacto fue tan devastador que los restos humanos yacen irreconocibles entre los escombros y las llamas.
El lugar del accidente fue una zona residencial del personal médico del BJ Medical College, donde también se reportan varios civiles heridos y edificios incendiados. Vehículos carbonizados, columnas de humo negro y un silencio sepulcral marcaron la escena. Un comisario de policía confirmó que los apartamentos ardieron tras la explosión del avión, cargado con toneladas de combustible para su largo trayecto internacional.
La lista preliminar de víctimas revela la dimensión global de la tragedia: 169 ciudadanos indios, 53 británicos, 7 portugueses y un canadiense. El primer ministro Narendra Modi lo calificó como un “hecho indescriptible” y expresó su dolor a través de la red social X. “Mis pensamientos están con las familias. He pedido actuar con urgencia en la zona”, escribió.
Lo que intriga y desconcierta es la fiabilidad del avión involucrado: un Dreamliner entregado en 2014, considerado una joya tecnológica de la aviación moderna, sin historial de fallas fatales. Las autoridades aún no explican las causas del desplome, pero ya se abrió una investigación a fondo, con presencia de técnicos, expertos aeronáuticos y organismos internacionales.
Mientras tanto, en Ahmedabad, la esperanza se desintegró entre fuego, acero retorcido y cenizas. Las familias aguardan identificación de los cuerpos. Las ambulancias siguen trasladando restos. Y la India entera, en shock, llora por los que se fueron sin despedirse.