El 3 de noviembre de 1970, Salvador Allende tomó las riendas de Chile tras ganar en las urnas con el apoyo popular. Un médico de convicciones firmes que derrotó al candidato de la derecha, Jorge Alessandri, y al aspirante democristiano Radomiro Tomic. Entró a la historia como el primer Presidente marxista elegido democráticamente en América Latina.
Allende impulsó cambios reales: nacionalización del cobre, acceso justo a la salud, educación sin privilegios, pan para los hogares humildes y dignidad para el trabajador. Su proyecto chocó de frente con los poderosos de dentro y fuera de Chile, que jamás aceptaron que el pueblo decidiera por sí mismo su rumbo.
El 11 de septiembre de 1973, La Moneda fue bombardeada. Aviones, fuego y traición. Allende resistió hasta el último segundo. Murió con la banda presidencial puesta, defendiendo la democracia y su palabra. Cayó el gobierno legítimo y comenzó la larga noche de los militares golpistas.
Hoy, 55 años después de su juramento, su figura sigue encendida en la memoria latinoamericana. Allende no dejó un palacio: dejó un ejemplo. Gobernar para el pueblo y morir sin claudicar.